Todo comenzó con momentos de vida compartidos con Arlette, 91 años. Vi con mis propios ojos el aislamiento progresivo que provoca la pérdida de visión.
"Vi a Arlette sacar gambas del congelador creyendo que eran zanahorias. Vi la angustia de perder una mandarina en el suelo sin poder encontrarla."
Durante un mes, probé todos los dispositivos existentes. El resultado fue contundente:
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Aplicaciones móviles clásicas
Voces robóticas sin alma, interfaces visuales imposibles de usar sin ver, y suscripciones obligatorias antes siquiera de probar. -
Máquinas de lectura (OCR)
Objetos voluminosos que ocupan espacio en la cocina, lentos, y sin posibilidad de "conversar" con el documento. -
Gafas conectadas (Hardware)
Una inversión de 1500€ obsoleta en 4 años, con actualizaciones de pago.
Lumyeye es esta promesa: una tecnología de vanguardia que se borra para dejar paso solo a la voz, el intercambio y la libertad recuperada.